por qué lo aceptó?
Doña Carmen apretó el sobre contra el pecho.
—Porque durante dos años nadie me habló de mi hijo como si siguiera importando.
Aquello me atravesó.
—Todo
el mundo me decía “tiene que seguir adelante, Carmen”. “Tiene que distraerse, Carmen”. “Tiene que pensar en usted, Carmen”. Pero nadie decía su nombre. Nadie me hablaba de Carlos. Era como si, por no hacerme daño, lo hubieran borrado del mundo.
La cola detrás de ella empezó a crecer.
Por primera vez en once años de trabajo, me importó un