bolso gastado y a ese pastor alemán de hocico blanco, se me encoge el corazón.
Pero ya no de pena.
De esperanza.
Porque la humanidad, cuando es verdadera, no siempre llega vestida de domingo.
A veces llega tatuada hasta el cuello.
A veces se equivoca.
A veces inventa una historia para no herir el orgullo de alguien.
Y a veces, si tiene suerte, esa mentira se convierte en una familia.
Una de esas familias raras, imperfectas y preciosas que no salen en los álbumes antiguos.
Pero que salvan vidas.
Un