Su perro recibió una bala por salvarlo, pero lo que hizo el pueblo tres días después lo cambió todo

Ese día me miró y frunció el ceño.

—¿Está todo bien?

Quise responder que sí.

No pude.

—Mi compañero está en la clínica.

Mariana miró hacia la calle.

—¿Bruno?

Asentí.

—Está grave.

No dije más.

Pagué el café y salí.

Me senté en la patrulla.

El espacio donde normalmente viajaba Bruno estaba vacío.

Nunca me había parecido tan grande.

Al día siguiente regresé a la cafetería.

Entré pensando únicamente en conseguir café y volver a la clínica.

Entonces vi el mostrador.

Habían colocado un frasco transparente.

Tenía billetes de veinte,