Su perro recibió una bala por salvarlo, pero lo que hizo el pueblo tres días después lo cambió todo

cincuenta, cien y doscientos pesos.

Junto al frasco había un dibujo hecho con colores.

Era un perro pastor alemán.

Debajo se leía, con letras torcidas de niño:

“PARA BRUNO. ÉL TAMBIÉN ES DE TODOS NOSOTROS.”

Me quedé inmóvil.

Mariana fingió estar acomodando unas cosas.

—Mi hijo hizo eldibujo —dijo finalmente—. Siempre corre a la ventana cuando pasan ustedes cerca de

su escuela.

Miré otra vez el frasco.

Había más dinero del que esperaba.

—Mariana…

—No tienes que decir nada.

—Yo no pedí esto.

—Ya sé.

Entonces levantó los ojos.

—Pero