muchachos de un pequeño equipo de futbol.
La compartió gente de un taller mecánico.
La compartieron comerciantes del mercado.
También personas que yo apenas conocía.
Algunos habían hablado conmigo una sola vez.
Otros quizá me habían visto únicamente cuando pasaba por su calle.
Comenzaron a llegar donaciones.
Cincuenta pesos.
Cien.
Doscientos.
Quinientos.
Una señora mayor llevó un sobre con trescientos pesos porque no sabía cómo hacer una transferencia.
Un niño apareció con una bolsa llena de monedas de su alcancía.
Un hombre que había recibido una infracción meses antes dejó