Su perro recibió una bala por salvarlo, pero lo que hizo el pueblo tres días después lo cambió todo

dinero en el frasco y dijo:

—El perro no tuvo nada que ver con nuestra discusión.

En menos de un día, entre los recursos disponibles de la corporación y lo que había aportado la comunidad, el costo de la operación estaba cubierto.

Cuando regresé a lacafetería, el frasco estaba casi lleno.

Miré a Mariana.

—No sé cómo agradecerte.

Ella negó

con la cabeza.

—No me agradezcas a mí.

Señaló hacia las mesas.

—La gente decidió hacerlo.

Respiré hondo.

—Creí que nadie…

No terminé.

Mariana pareció entender.

—A veces conocemos menos