dinero en el frasco y dijo:
—El perro no tuvo nada que ver con nuestra discusión.
En menos de un día, entre los recursos disponibles de la corporación y lo que había aportado la comunidad, el costo de la operación estaba cubierto.
Cuando regresé a lacafetería, el frasco estaba casi lleno.
Miré a Mariana.
—No sé cómo agradecerte.
Ella negó
con la cabeza.
—No me agradezcas a mí.
Señaló hacia las mesas.
—La gente decidió hacerlo.
Respiré hondo.
—Creí que nadie…
No terminé.
Mariana pareció entender.
—A veces conocemos menos