una recuperación larga por delante.
Pero estaba vivo.
Tres semanas después, volvió a casa.
Teníauna cicatriz enorme escondida bajo el pelo corto del costado.
Caminaba despacio.
Dormía muchísimo.
Y roncabav
tan fuerte que algunas noches tenía que subir el volumen de la televisión.
Nunca me había parecido tan bonito escuchar un ronquido.
Una mañana decidí llevarlo a caminar unas cuadras.
Sin uniforme.
Sin patrulla.
Solo pantalones de mezclilla, camiseta y la correa en la mano.
Bruno avanzaba despacio, deteniéndose cada pocos metros para olfatear algo.
Terminamos frente a la cafetería.