de llamadas juntos.
Nunca pensé que una de ellas terminaría así.
Aquella tarde nos avisaron de una posible intrusión en una vivienda de una colonia tranquila. Había señales de quealguienv
había forzado una puerta y existía la posibilidad de que la persona siguiera dentro.
Bruno y yo fuimos de los primeros en llegar.
La puerta trasera estaba destrozada.
Solté un poco la correa.
—Busca.
Bruno avanzó.
Atravesó la cocina delante de mí, concentrado, silencioso.
Cuando entré a la sala, vi al hombre.
No estaba intentando escapar.
Nos estaba esperando.
Todo