ocurrió demasiado rápido.
Vi que levantaba un brazo.
Bruno ladró de una manera que yo conocía perfectamente.
No era el ladrido de búsqueda.
Era el ladrido que usaba cuando sabía que yo estaba en peligro.
Se lanzó.
Entonces llegó el disparo.
Después, silencio.
Bruno cayó.
Me arrodillé junto a él y puse una mano sobre su cuello. Respiraba, pero hacía un sonido agudo que nunca le había escuchado.
Ese sonido todavía aparece algunas noches en mi cabeza.
Lo cargué como pude.
No recuerdo quién abrió lapuerta de la patrulla. Tampocov