Su perro recibió una bala por salvarlo, pero lo que hizo el pueblo tres días después lo cambió todo

recuerdo qué me dijeron mis compañeros.

Solo recuerdo repetirme:

—Aguanta, muchacho. Aguanta conmigo.

Conduje hasta una clínica veterinaria que atendía emergencias las veinticuatro horas.

Entré cargándolo.

Una veterinaria y dos asistentes salieron corriendo con una camilla.

—Recibió un disparo —dije—. Por favor, hagan lo que tengan que hacer.

Se lo llevaron detrás de unas puertas.

Yo me quedé parado en el pasillo con sangre en las mangas.

Por primera vez desde que trabajábamos juntos, Bruno estaba enfrentando algo sin mí.

Pasó más de una hora antes de que saliera la