Mills le había pedido que consiguiera que Ethan trabajara aquella noche.
—¿Le pagó? —preguntó Ortega.
—Cien dólares.
—¿Te explicó por qué?
—Dijo que alguien quería darle una sorpresa a Ethan.
—¿Qué clase de sorpresa?
—No sé. Pensé que quizá era por una beca.
Aquello tenía sentido.
Ethan llevaba meses esperando noticias de varias universidades.
Un adolescente había aceptado cien dólares
pensando que estaba ayudando a preparar una sorpresa para su amigo.
La pieza importante era Mills.
Los investigadores fueron a buscarlo.
Pero su casa estaba vacía.
Su coche también había