El sheriff disparó a mi hijo y se rio… pero no sabía quién era realmente su padre

—Ahora decidirán los tribunales.

Asentí.

—Gracias.

Ortega se marchó.

Encontré a Ethan en el patio.

Caminaba con una sola muleta.

—¿Quién era?

—Ortega.

—¿Más secretos familiares?

—Por una vez, no.

Ethan sonrió.

—Qué decepción.

Me senté.

Él permaneció de pie.

Entonces hizo algo extraño.

Dejó la muleta contra la mesa.

—¿Qué haces?

—Marcus dice que puedo intentarlo.

—¿Intentar qué?

—Caminar hasta ti.

Miré la distancia.

Quizá cuatro metros.

—Ethan…

—No empieces.

Levanté las manos.

—No digo nada.

Dio el primer paso.

Después el segundo.

Temblaba.

El tercero fue más lento.