frontal.
CALEB VANCE.
Sentí que se me secaba la boca.
—¿Bell dejó esto para mí?
—Sí.
Abrí el sobre.
Dentro había una fotografía antigua.
Tenía casi veinte años.
Siete hombres vestidos con uniforme militar posaban delante de un helicóptero.
Reconocí inmediatamente a Mason.
A Daniel.
A mí mismo.
Pero había un octavo hombre al fondo.
Un joven especialista civil que había trabajado durante unos meses con nuestra unidad analizando información financiera y rutas logísticas.
Yo había olvidado su nombre.
Hasta aquel instante.
Thomas Bell.
En la parte posterior de la