Hay dinero involucrado, hay socios, hay compromisos que no puedes romper porque de pronto te asustaste.
Lucía escuchó la frase con atención.
No puedes romper.
No dijo “no existe”.
No dijo “estás equivocada”.
Habló de compromisos.
—Yo no hice ningún compromiso —dijo.
—Somos un matrimonio.
—Eso no convierte mi firma en tuya.
Álvaro golpeó la mesa con la palma, no con fuerza suficiente para romper nada, pero sí para intentar terminar la discusión.
—No entiendes lo que está en juego.
Lucía lo miró.
—Entonces explícame los 1.600.000 euros.