Mi mejor amiga me envió “por accidente” una foto abrazando a mi esposo. En lugar de reclamarles, la publiqué para felicitarlos… y a la mañana siguiente tenía 180 llamadas perdidas.

esposo aparece como beneficiario, según documentos corporativos públicos.

Me apoyé contra la pared.

—¿Estás segura?

—Tenemos indicios documentales. Falta comprobar la naturaleza exacta de su participación.

Cerré los ojos.

De pronto, muchas piezas encajaron.

Los viajes de trabajo.

Las reuniones que nunca aparecían en el calendario corporativo.

Los gastos inexplicables.

Y las discusiones cada vez que le preguntaba por nuestro dinero.

Daniel no se había enamorado simplemente de mi mejor amiga.

Había construido una vida paralela.

Y quizá un negocio paralelo.

—Laura, ¿qué hacemos ahora?

—Dejamos que los investigadores trabajen.