cero”.
“Piensa en los años que vivimos juntos”.
Yo reenviaba cualquier mensaje relevante a mi abogada.
No discutía.
No negociaba sola.
Tampoco publicaba detalles de la investigación.
Había aprendido algo importante: una cosa era negarme a esconder una traición y otra permitir que el enojo arruinara mi propia defensa.
Mientras tanto, mi publicación seguía circulando.
La fotografía había generado miles de comentarios.
Algunos me felicitaban.
Otros decían que era inmaduro exponer una infidelidad en internet.
Una señora escribió:
“Si mi esposo hiciera eso, yo no regalaría un teléfono. Regalaría sus