a enfrentarte sola a todo esto.
—Te lo prometo.
Cuando terminamos de hablar, lloré.
No durante horas.
No de manera desesperada.
Lloré lo suficiente para reconocer que estaba herida.
Y después me lavé la cara.
Todavía tenía cosas que resolver.
Capítulo 10. El precio de una mentira
La investigación corporativa duró seis semanas.
Durante ese tiempo recibí mensajes de Daniel casi todos los días.
Al principio me insultaba.
Después me suplicaba.
Más tarde empezó a ofrecer acuerdos.
“Si retiramos las acusaciones, todo puede volver a la normalidad”.
“Podemos empezar de