Mi mejor amiga me envió “por accidente” una foto abrazando a mi esposo. En lugar de reclamarles, la publiqué para felicitarlos… y a la mañana siguiente tenía 180 llamadas perdidas.

tendría nada.

Se equivocaron.

Había perdido un matrimonio y una amistad que alguna vez fueron importantes.

Pero había conservado mi dignidad, mis capacidades y a las personas que me querían de verdad.

Y, sobre todo, había recuperado algo que llevaba años abandonando:

A mí misma.

Aquella noche, antes de acostarme, saqué del armario el traje negro.

Lo colgué cuidadosamente junto a la chaqueta roja.

Ya no era una armadura para enfrentar a mis enemigos.

Era simplemente ropa que me gustaba.

Apagué la luz.

Me acomodé bajo las sábanas.

Y dormí