con la misma tranquilidad que aquella primera noche.
Solo que ahora había una diferencia.
La primera vez dormí tranquila porque había decidido dejar de soportar sus mentiras.
Esta vez dormí tranquila porque ya no necesitaba pensar en ellos.
Abrí la ventana.
Entró una brisa fresca.
Y sonreí.
Porque recordé el mensaje que Sophie me había enviado aquella noche:
“¡Perdón, se me fue el dedo!”
Durante mucho tiempo pensé que aquellas palabras habían sido la muestra definitiva de su crueldad.
Ahora veía algo diferente.
Sophie había querido demostrarme que podía quitarme