Parte 3:
Volví a mi casa casi dos meses después, en silla de ruedas, con un caminador prestado y más instrucciones médicas de las que podía recordar. Pero no volví igual. Antes mi casa era un lugar lleno de recuerdos y silencios. Ahora también tenía barras en el baño, tapetes antiderrapantes, una campanita junto a la cama y una copia de la llave en casa de Don Fermín. Él y su hijo arreglaron la fuga del lavabo antes de que yo saliera del hospital. Cuando entré, el piso estaba seco.
Seis horas inmóvil sobre el piso helado del baño Mientras mis hijos me mandaban mensajes explicando por qué no podían venir de inmediato, yo tenía la cadera rota, los labios secos y la mano estirada hacia una puerta que nadie abría.