Seis horas inmóvil sobre el piso helado del baño Mientras mis hijos me mandaban mensajes explicando por qué no podían venir de inmediato, yo tenía la cadera rota, los labios secos y la mano estirada hacia una puerta que nadie abría.

no es borrar la cortina blanca, la voz de Óscar hablando de incapacidad, Teresa diciendo que era mejor vender rápido ni Iván preguntando cuánto tardaba el trámite. Perdonar, para mí, fue dejar de vivir acostada en ese dolor y obligarlos a mirarlo de frente. Algunos hijos aman, sí, pero aman mal cuando creen que la madre siempre va a esperar. Yo esperé seis horas en el piso helado. Ya no espero igual.
Hoy la llave del baño no gotea. Mi celular cuelga en una bolsita junto a mi caminador. Don