Seis horas inmóvil sobre el piso helado del baño Mientras mis hijos me mandaban mensajes explicando por qué no podían venir de inmediato, yo tenía la cadera rota, los labios secos y la mano estirada hacia una puerta que nadie abría.

si algún día ya no puedo volver a esta casa, será por una decisión tomada con dignidad, no por hijos apurados midiendo paredes mientras su madre todavía respira.