entera. Necesitaba que alguno contestara como si mi dolor importara antes que mi casa. Iván por fin habló. —Ma, no hagas esto más grande. Fue un accidente. —No. El accidente fue caerme. Lo demás fue abandono.
La doctora entró poco después y explicó que necesitaría cirugía, recuperación larga y cuidados. Mis hijos se miraron entre ellos como si la palabra “cuidados” fuera una deuda injusta. Teresa preguntó cuánto tiempo. Óscar preguntó si podría firmar documentos pronto. La doctora lo miró con dureza. —La señora está consciente y orientada. Cualquier trámite
Seis horas inmóvil sobre el piso helado del baño Mientras mis hijos me mandaban mensajes explicando por qué no podían venir de inmediato, yo tenía la cadera rota, los labios secos y la mano estirada hacia una puerta que nadie abría.