seis noches en que preguntó por mí.
Me quedé en aquella habitación hasta que el sol empezó a bajar.
La enfermera volvió una vez con agua.
No la bebí.
Volvió otra vez con una bolsa de papel.
Dentro estaban las cosas que Meline había decidido no llevarse.
Una pulsera hospitalaria.
Un par de calcetines.
Una copia del certificado médico.
Y una pequeña tarjeta con tinta azul.
No reconocí la letra.
—¿Qué es esto? —pregunté.
La enfermera miró la tarjeta.
—Es de la unidad neonatal.
La abrí.
Había huellas diminutas.
Dos