pies.
Azules.
Más pequeños que mi pulgar.
Debajo, alguien había escrito:
“Baby Vance. 3:17 a.m.”
No tenía nombre.
Nosotros no habíamos elegido uno.
Meline quería Noah.
Yo decía que había tiempo.
Siempre creí que había tiempo.
El tiempo es la mentira favorita de los hombres que no quieren amar en presente.
Guardé la tarjeta con el gorrito.
Luego me levanté.
—Necesito ver a la doctora Harper.
—Ya no está de turno.
—Entonces esperaré.
—Señor Vance…
—No para presionarla —dije—. Para escuchar.
La enfermera me observó como si estuviera