quiero entender cómo lo hizo.
Adrián soltó una risa seca.
—¿Y después qué? ¿Vas a arreglar diecinueve años con una explicación?
—No.
La respuesta salió demasiado rápido para ser calculada.
Adrián pareció sorprendido.
Gabriel continuó.
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—No puedo devolverte diecinueve años. Tampoco puedo exigir que me llames padre porque compartamos sangre. Lo único que puedo hacer es dejar de aceptar la versión que me dieron y averiguar qué ocurrió realmente.
Isabel bajó la mirada hacia la mesa de madera junto a la entrada.
Sobre ella había un frasco con semillas,