Pero importó.
—Quiero estar presente durante el embarazo.
—Si podemos establecer una relación respetuosa y segura, hablaremos de eso.
—Es mi hijo.
—Nunca he dicho lo contrario.
—Entonces quizá podamos…
—No.
Me miró.
—Ni siquiera sabes qué iba a decir.
—Sí sé.
Silencio.
—No voy a casarme contigo porque estoy embarazada.
Sus ojos se llenaron de lágrimas.
—Te amo.
—Quizá.
Aquello pareció herirlo.
—¿Quizá?
—Quizá me amas de la manera que tú entiendes el amor. Pero cuando tuve que elegir entre tu familia y mi dignidad, esperabas que yo sacrificara