la segunda para proteger la primera.
No respondió.
—Eso no es el matrimonio que quiero.
Las semanas siguientes fueron horribles.
Hubo cancelaciones.
Depósitos perdidos.
Rumores.
Familiares llamando.
Personas diciendo que yo había exagerado.
Otras preguntando si de verdad iba a criar a un bebé “sin darle una oportunidad al padre”.
Como si cancelar una boda significara borrar a Adrian de la existencia.
No era así.
Yo podía terminar una relación romántica y al mismo tiempo reconocer que, si nuestro hijo nacía sano y las circunstancias eran seguras, Adrian tendría responsabilidades