viviendo en casas diferentes.
—¿Se pelearon?
—Sí.
—¿Mucho?
Sonreí.
—Mucho.
—¿Y ahora?
Miré a Adrian, que estaba esperando junto al automóvil para llevársela.
—Ahora intentamos hacerlo mejor.
Eso le bastó.
Muchos años después todavía recuerdo aquella hora antes de mi boda con una claridad absurda.
El sombrero beige.
El cabello de mamá cayendo de manera irregular.
El mechón de Kiara en el suelo.
La mano de Marco en mi cuello.
El golpe de mamá contra la pared.
Las manos de Adrian sobre mis hombros.
Mis rodillas tocando el piso.
El