mientras yo permanecía en la cocina preparando ensaladas y aperitivos para ellos.
Mi hijo menor solo tenía cinco meses, así que lo llevaba pegado al pecho en un portabebés.
Cuando todo estuvo listo, cogí una bandeja y me dirigí hacia el patio.
A pocos pasos de llegar, escuché la voz de mi marido.
Y me detuve.
—La verdad es que quiero dejarla —les dijo a sus amigos.
Al principio ni siquiera comprendí que estaba hablando de mí.
—No ha conseguido nada en cincuenta