PARTE 2 / Después de cinco años de matrimonio, mi hija de cuatro años me susurró: “

—¿Contenta? Ahora levántate.

Tomé mi celular, abrí WhatsApp y pulsé “Salir del grupo”.

Después bloqueé a Eduardo.

Su rostro se endureció.

—¿Qué estás haciendo?

—Lo que debí hacer hace mucho.

Aquella mañana tenía una cita con una amiga abogada especializada en derecho familiar.

 

Cuando se lo dije, Eduardo soltó una risa incrédula.

—¿De verdad vas a destruir un matrimonio por un muslo de pollo?

—No. Lo voy a terminar por cinco años de cosas que tú

llamas “un muslo de pollo”.

Preparé a Sofía y salí.

Mi amiga revisó