PARTE 2 / Después de cinco años de matrimonio, mi hija de cuatro años me susurró: “

al carrusel, comió algodón de azúcar y se rió hasta quedar agotada.

 

Regresamos al anochecer.

Laura estaba instalada en mi sala.

Diego permanecía recostado en el sofá con una férula en la pierna.

Eduardo y Laura estaban sentados a ambos lados de él.

Parecían una familia.

Nosotras, dos

intrusas.

Diego vio el globo de Sofía.

—¡¿Se fueron a divertir mientras yo estaba lastimado?!

 

Laura se secó los ojos.

—Mariana, sé que no soy quién para decirte nada, pero si hubieras estado pendiente de Diego quizá esto no habría