ocurrido.
Eduardo añadió:
—Reconoce que tienes responsabilidad.
Solté la bolsa que llevaba.
—No.
Se hizo silencio.
Eduardo respiró hondo.
—Laura se quedará aquí unos días para cuidar a Diego.
—¿Aquí?
—Sí. Tú dices que no quieres hacerlo.
Laura intervino con voz dulce:
—No te preocupes, Mariana. Solo será hasta que Diego mejore.
Diego sonrió.
—Mamá debería quedarse para siempre.
Eduardo no dijo nada.
Después me miró.
—Prepara el cuarto de visitas para Laura. Y haz caldo de res para Diego. Sin cebolla, porque a Laura no le gusta.
Sentí