PARTE 2 / Después de cinco años de matrimonio, mi hija de cuatro años me susurró: “

ocurrido.

Eduardo añadió:

—Reconoce que tienes responsabilidad.

Solté la bolsa que llevaba.

—No.

Se hizo silencio.

Eduardo respiró hondo.

—Laura se quedará aquí unos días para cuidar a Diego.

—¿Aquí?

—Sí. Tú dices que no quieres hacerlo.

Laura intervino con voz dulce:

—No te preocupes, Mariana. Solo será hasta que Diego mejore.

Diego sonrió.

—Mamá debería quedarse para siempre.

Eduardo no dijo nada.

 

Después me miró.

—Prepara el cuarto de visitas para Laura. Y haz caldo de res para Diego. Sin cebolla, porque a Laura no le gusta.

Sentí