PARTE 2 / Después de cinco años de matrimonio, mi hija de cuatro años me susurró: “

atacó.

Diego levantó la muñeca enrojecida.

—Mira lo que me hizo.

Eduardo observó a Sofía.

—¿Tú empujaste a tu hermano?

—No, papá. Él me empujó primero.

—¡No mientas! Está lesionado.

Sofía rompió a llorar.

 

Yo levanté la maleta.

—Se acabó.

Cuando pasé junto a Eduardo le dije:

—Si alguna vez quieres saber qué ocurrió realmente, revisa la cámara de la sala.

Vi palidecer a Laura.

Y mientras Sofía y yo cerrábamos la puerta detrás de nosotras, Eduardo levantó lentamente la mirada hacia la pequeña cámara instalada sobre el librero.