te ama. Te necesitaba. Cocinas, limpias, atiendes a su hijo y además no cobras.
Sofía corrió hacia ella.
—¡No hables así de mi mamá!
Diego apareció detrás.
Para mi sorpresa, caminaba perfectamente.
Empujó a Sofía.
—¡No le grites a mi mamá!
Sofía cayó.
Después Diego la tomó del cabello.
Corrí, le sujeté la muñeca y
conseguí que la soltara.
Laura intentó empujarme. Me hice a un lado y perdió el equilibrio.
En ese instante se abrió la puerta.
Eduardo estaba allí.
Laura empezó a llorar.
—¡Eduardo! Mariana nos