razones… Pobrecito Diego, eso sí.
La madre de Eduardo contestó:
—Cuando tú estabas aquí, estas cosas no pasaban.
Hubo risas.
Diego dijo:
—Mamá, ¿cuándo vas a volver con papá?
Nadie lo reprendió.
Miré a Sofía.
—Mamá —susurró—, perdón por comerme el
pollo.
Sentí ganas de llorar.
—No vuelvas a disculparte por tener hambre.
—¿Nos podemos ir?
—Sí.
—¿A dónde?
Le acaricié el cabello.
—A un lugar donde puedas comerte todos los muslos de pollo que quieras.
Sofía guardó silencio unos segundos.
—¿Papá va a ir?
—¿Quieres que vaya?