Volví del entierro de mi esposo y mi nuera me arrojó al cuarto del perro creyendo que yo era una viuda sin nada, sin imaginar que guardaba diecisiete millones, una mansión en Cancún y la verdad capaz de destruir su mentira

Ninguno respondió.

—Que todavía creen que yo soy la única persona de esta casa que guarda documentos.

Me giré. Saqué otra carpeta. La de Celia.

Puse sobre la mesa impresiones de deudas de juego de David, fotos de él entrando a otro hotel con otra mujer, registros de sus consultas con casas de apuesta, copia de su acta de matrimonio. Luego, frente a Patricia, dejé varias transcripciones de mensajes suyos con fechas que demostraban que planeaba divorciarse y expoliar a Marcos incluso antes del entierro de Roberto.

El color desapareció