había un pequeño sobre con una fotografía de Mariana embarazada.
Y detrás, escrita con la letra de Gregorio, una frase:
Ojalá algún día podamos pedirle perdón.
Mariana apretó aquel sobre contra su pecho.
Durante dos décadas había pensado que su hija no significó absolutamente nada para sus padres.
Ahora descubría que al menos habían conservado su recuerdo.
No era suficiente.
Pero tampoco era indiferencia.
Días después, mientras Teresa descansaba junto a la ventana, Ernesto decidió hablar con ella.
La anciana tenía momentos de lucidez, aunque seguía confundiendo las fechas y