para quienes pretendían arrebatárnosla.
Oí abrirse la puerta.
Daniel entró y me encontró sosteniendo el plano.
Su rostro perdió todo el color.
—Mamá… puedo explicártelo.
—Entonces explícame por qué estás ayudando a destruir el manantial de tu pueblo.
Mi hijo cerró la puerta y comenzó a llorar.
—Perdí mi trabajo hace ocho meses. Me contrataron para hacer estas mediciones, pero…
Se interrumpió, miró hacia la ventana y bajó la voz.
—Mamá, hay algo mucho peor. Me pidieron que borrara del mapa lo que encontré debajo de esos terrenos.
Y cuando