aplaudían.
Entonces pidieron intervenciones del público.
Levanté la mano.
Caminé hasta el micrófono sintiendo que las piernas me temblaban.
—Me llamo Beatriz Hernández. Tengo 69 años y vendo plantas en el tianguis. Muchos aquí me conocen desde hace décadas. Esta semana me llamaron ladrona.
El murmullo llenó el salón.
—No he venido a discutir lo que dijeron de mí. He venido porque nuestros abuelos cuidaron ese manantial y nuestros nietos merecen encontrarlo vivo.
Expliqué la donación, las perforaciones y las irregularidades que habíamos descubierto.
El abogado de Héctor se levantó