es una forma de amar a los demás.
Por fin comprendí por qué sabía mi nombre.
Y por qué había confiado en mí aquella noche.
Señaló una pequeña construcción de piedra.
Abrí la puerta con la llave de la caja.
Dentro encontré una placa preparada meses atrás:
«Jardín del Manantial de Beatriz Hernández. El agua es vida, y la vida se protege compartiéndola».
Me cubrí el rostro y comencé a llorar.
Anselmo tomó mis manos.
—Cuando la encontré, le dije que se llevara lo que quisiera. Usted no tomó mis