69 años una mujer aparentemente insignificante puede enfrentarse a personas poderosas cuando tiene la verdad de su lado.
Todavía conservo mi viejo rebozo de lana.
Anselmo insiste en que fue aquello lo que le salvó la vida.
Yo siempre le respondo lo mismo:
—No fue el rebozo, don Anselmo. Fue que ninguno de los dos quiso abandonar al otro.
Porque aquella noche, cuando un desconocido me pidió que le robara, pude haber dado media vuelta y seguir mi camino.
Pero elegí ayudarlo.
Y esa decisión terminó salvando mucho más que