quiero preguntarte algo, Elena. ¿Estás preparada para ponerles límites, aunque Sebastián se enoje, llore o te diga que estás destruyendo a la familia?
Pensé en mi esposo, en los años de trabajo, en todas las noches que pasé cuidando a mis hijos cuando estaban enfermos.
—Sí —respondí—. Porque ellos empezaron a destruirla cuando decidieron que mi vida ya no importaba.
Aquella misma tarde llamé a Daniel.
Le conté todo, sin ocultar nada. Al principio guardó silencio. Después escuché cómo respiraba profundamente.
—Mamá, ¿por qué no me lo dijiste antes?
—Tenía