miedo de que tu hermano empeorara las cosas.
—Voy para Puebla. Y esta vez no vas a enfrentar esto sola.
—No quiero que pelees con él.
—No voy a pelear, mamá. Voy a asegurarme de que nadie vuelva a hacerte sentir una extraña en tu propia casa.
Daniel llegó aquella noche. Cuando vio el cuarto donde estaba durmiendo, se quedó inmóvil.
La habitación apenas tenía espacio para una cama individual, un pequeño armario y una silla.
Sobre una repisa estaban las fotografías que Vanessa había retirado de la sala.
Mi