hijo tomó una de ellas. Era una imagen de Héctor y de mí en nuestro aniversario número treinta.
—Papá se moriría de tristeza si viera esto —murmuró.
—Tu padre siempre decía que una casa se construye para proteger a quienes amamos, no para humillarlos.
Daniel me abrazó.
Hacía mucho tiempo que no sentía tanta tranquilidad.
Al día siguiente, Adriana se comunicó con la inmobiliaria. El agente confirmó que Sebastián le había presentado una autorización presuntamente firmada por mí. Cuando supo que yo negaba haberla firmado, suspendió cualquier promoción del inmueble