presentes.
Adriana abrió su carpeta.
—Mi clienta ha descubierto que se está ofreciendo su propiedad en venta sin su autorización. La inmobiliaria ya fue informada y la promoción ha quedado suspendida.
El inversionista miró a Sebastián con evidente desconcierto.
—¿No me dijiste que el departamento era prácticamente tuyo?
Mi hijo se quedó pálido.
—Es de mi madre. Pero algún día será nuestra herencia.
—Tu madre todavía está viva —intervino Daniel.
Sebastián apretó los dientes.
—No tenemos por qué discutir asuntos familiares delante de extraños.
—Fuiste tú quien invitó a un