hablar así de nuestra madre.
Sebastián golpeó la mesa.
—¡Tú no vives aquí! ¡Yo soy quien tiene que soportarla todos los días!
Entonces pronunció aquella frase sobre trabajar para merecer comida.
Nadie se rio.
Sentí que algo se rompía dentro de mí.
—Sebastián —susurré—, ¿recuerdas de quién es este departamento?
Vanessa sonrió.
—Ay, suegra, tampoco dramatice. Algún día todo esto será de sus hijos, ¿no?
Daniel se levantó furioso, pero le pedí que no discutiera.
Aquella noche, después de que todos se marcharon, escuché a Sebastián y Vanessa conversando detrás