la voz.
—Después certificas que tuvo una crisis, que está agresiva y desorientada. Tu equipo la lleva a la clínica. Mientras “la estabilizan”, nosotros vendemos. Cuando salga, si sale, ya no tendrá nada.
El notario levantó su copa.
—Mañana a las doce.
Me quedé mirando la pantalla sin poder respirar.
El hombre que unas horas antes había apoyado la frente en mi hombro no quería reconciliarse conmigo.
Quería quitarme mis bienes, mi credibilidad y hasta el derecho de contar lo que me habían hecho.
Le escribí a Alejandro una sola