para impedir que Teresa se presentara de nuevo en mi trabajo y envió una aclaración formal a mi jefe. Cuando él vio que el escándalo ya no era una pelea doméstica, sino una investigación documentada, quiso suavizar su ultimátum.
—Daniela, quizá reaccioné demasiado rápido.
—Sí —le dije—. Reaccionó rápido cuando creyó que la mujer más ruidosa era la que decía la verdad.
Entregué mi renuncia de todos modos.
Por primera vez en años no quería trabajar donde mi estabilidad dependiera de que mi familia política se comportara.
La parte más