Sobre su escritorio había una carpeta mucho más gruesa que la de Ricardo.
—Tenemos que separar dos asuntos —me explicó—. Una cosa es tu patrimonio matrimonial y otra las posibles irregularidades laborales de tu esposo. No debemos confundirlas.
Me mostró primero la escritura del departamento.
Seguía a mi nombre.
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Después revisamos los documentos de la inversión bancaria y la constancia de nuestro matrimonio bajo separación de bienes.
El dinero estaba protegido.
Ricardo no figuraba como titular ni tenía autorización para disponer de él.
La aplicación había rechazado su intento