Antes de casarme, mi papá me pidió que protegiera mi dinero y mi departamento. Dos años después, mi esposo intentó transferir 10 millones de pesos a su hermano sin preguntarme. “¡Soy tu marido, tengo derecho!”, gritó al ver que el banco rechazaba la operación. Yo llamé tranquilamente a mi abogado. Esa misma noche descubrí que no solo querían quedarse con mis ahorros.

Sobre su escritorio había una carpeta mucho más gruesa que la de Ricardo.

—Tenemos que separar dos asuntos —me explicó—. Una cosa es tu patrimonio matrimonial y otra las posibles irregularidades laborales de tu esposo. No debemos confundirlas.

Me mostró primero la escritura del departamento.

Seguía a mi nombre.

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Después revisamos los documentos de la inversión bancaria y la constancia de nuestro matrimonio bajo separación de bienes.

El dinero estaba protegido.

Ricardo no figuraba como titular ni tenía autorización para disponer de él.

La aplicación había rechazado su intento